ISBN: 9789875002173

Formato: 368 págs. 14 x 21 cm.

Fecha Publicación: Noviembre 2015

Precio: $ 440,00 (U$S 25,88)

El buen gobierno

Contra los vicios de la política personalizada

Fabio Gambaro, Clarín - Revista Ñ, 23/03/2016

Entrevista con Pierre Rosanvallon.  El filósofo francés denuncia los peligros de las democracias autoritarias y exige mayor control por parte de los ciudadanos.

"Nuestros regímenes pueden considerarse democráticos, pero nosotros no estamos gobernados democráticamente.” De esta amarga constatación parte el nuevo y utilísimo ensayo de Pierre Rosanvallon, El buen gobierno (Manantial, Buenos Aires, 2015), último capítulo de su reflexión sobre las formas y características de la democracia, que abarca ya más de una década. En estas páginas el estudioso francés, docente en el Collège de France, parte de la insatisfacción de los ciudadanos frente a gobiernos que no respetan las reglas de la transparencia y la responsabilidad y proponen políticas confusas e ilegibles. Por eso considera urgente trazar un mapa de las reglas del buen gobierno y de las modalidades que permitan al ciudadano ejercer un control más estrecho sobre las acciones de la política. Sólo el buen gobierno puede derrotar al desencanto democrático.

“La verdadera apuesta de la democracia no es el carácter democrático de las elecciones sino el carácter democrático del gobierno”, explica Rosanvallon. “En el pasado, nos ocupamos de organizar sistemas electorales, preocupándonos mucho menos por cómo ejercitarían el poder los elegidos. Eso tenía sentido cuando las leyes tenían origen en el Parlamento. Hoy la naturaleza de los parlamentos ha cambiado; de instancias independientes productoras de la ley se han transformado en instancias subordinadas al ejecutivo.”

–¿Por qué el ejecutivo ha adoptado este rol central?

–Se inició en la época del primer conflicto mundial, cuando la urgencia de la guerra antepuso la necesidad de la decisión a la elaboración de la norma. Era necesario estar en la acción. Además, el comienzo del siglo XX señaló el advenimiento de un mundo más globalizado y en rápida evolución, en cuyo contexto el poder ejecutivo se volvió cada vez más importante. Esa tendencia no ha hecho más que fortalecerse. En la sociedad hoy hay una fuerte demanda de acción y autoridad. Sobre todo surge la necesidad de eficiencia y responsabilidad. Y una asamblea no es responsable: puede deliberar, pero no actuar. De aquí el dominio del ejecutivo, que por otra parte favorece la desviación progresiva a una política centrada en programas, por sobre una política centrada en las personas. En un mundo móvil y fragmentado donde ya no es posible planificar el futuro como en el pasado, para asegurar la continuidad no cuentan los programas sino las personas. Las personas permanecen aun cuando los programas evolucionen. Incluso la mediatización pone el foco de atención en los hombres más que en las ideas.

–¿La personalización política favorece el cesarismo y el populismo?

–Es un riesgo real. Si en el siglo XX la patología de la democracia fue el totalitarismo, en el siglo XXI prevalecen las patologías de la democracia autoritaria. Piénsese en Putin, en Erdogan o en los populistas de América Latina. Se trata de elecciones democráticas, pero el gobierno no lo es. El cesarismo moderno tiende a hacer saltar las mediaciones entre el jefe y el pueblo. Por otra parte considera a la sociedad como un bloque único que debe pensar de la misma manera, negando la diversidad de opiniones.

–Hasta las sociedades occidentales parecen hacerse más sensibles a las sirenas del populismo.

–Su simplificación parece atraparlas. Por un lado los populistas, por ejemplo Marine Le Pen, se presentan como los verdaderos representantes del pueblo, acusando a los demás de representar sólo a las elites. Por otro lado, proponen resolver los problemas a través del repliegue de la sociedad sobre sí misma. El proteccionismo es un modo de simplificar el mundo, negando sus contradicciones.

–Usted dice que es necesario definir las características del buen gobierno para poder llevar a cabo una verdadera democracia de ejercicio. ¿Qué significa esta expresión?

–Una democracia de ejercicio es una democracia que define las reglas de ejercicio democrático del poder. Un poder es en realidad democrático no sólo porque es elegido democráticamente sino sobre todo porque gobierna democráticamente. Y si un poder es verdaderamente democrático, la sociedad debe poder apropiarse de él siempre, no sólo el día de las elecciones. Esto significa que el funcionamiento de las instituciones debe ser antes que todo legible y comprensible. Hoy prevalecen las decisiones parciales, incomprensibles para la opinión pública. La primera cualidad democrática es la legibilidad de las acciones del gobierno que permite que los ciudadanos la comprendan, para después aprobarla o criticarla.

–¿Otro elemento fundamental es la responsabilidad?

–Desde luego. Un poder debe ser responsable siempre y por lo tanto estar sometido a validación. Hoy la validación aparece sólo en el momento de las elecciones. Necesitamos momentos de validación más frecuentes. Dado que la política insiste con el efecto del anuncio más que con la realidad de las acciones, someter a los políticos a validaciones frecuentes significa constreñirlos a mayor coherencia y realismo.

–¿Cuáles son las otras características del buen gobierno? 

–La reactividad, que no es sólo la capacidad de reacción ante los acontecimientos sino también la voluntad de intercambio continuo entre poder y sociedad. Después la necesidad de hablar con franqueza. Por último, la integridad moral que permite que el gobernante se identifique con la función propia, sin utilizarla como un poder personal al servicio de sus intereses.

–En su libro usted indica algunas modalidades –consejos, organismos, comisiones– para implicar más a los ciudadanos en las acciones de control. ¿No hay riesgo de complicar ulteriormente la acción pública, bastante intrincada ya ?

–No creo. El autogobierno es imposible, pero una deliberación pública amplia es auspiciosa y realizable. Siempre hemos pensado la democracia como expresión de la voz del pueblo; hoy necesitamos que sea también la organización del pueblo. Y dado que no todos los ciudadanos pueden o deben participar en todas estas instancias, la extracción por sorteo de algunos de ellos podría ser una novedad importante. Eso ratificaría el principio de que cualquiera está potencialmente en condiciones de participar, y generaría un modo para hacer atractiva y creíble la democracia de nuevo.

© La Reppublica. Traducción de Román García Azcárate.

Fuente: www.revistaenie.clarin.com/ideas/vicios-politica-personalizada_0_1543045700.html

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