ISBN: 9789875002081

Formato: 136 págs. 14 x 21 cm.

Fecha Publicación: Abril 2015

Precio: $ 180,00 (U$S 10,59)

El hilo perdido

Ensayos sobre la ficción moderna

Con el acento en los detalles

Gustavo Pablos, La Voz, 06/08/2015

En El hilo perdido, el filósofo francés Jacques Rancière revisa el concepto de ficción.

Los críticos y escritores siempre destinaron suficiente tiempo a discutir el significado del concepto de ficción, y más aún cuando se trataba de obras que parecían haber superado un umbral hasta ese momento insoslayable. En El hilo perdido. Ensayos sobre la ficción moderna, el filósofo francés Jacques Rancière retoma el debate y lo hace, en primer lugar, a partir de una relectura de La educación sentimental, de Flaubert, y de Lord Jim, de Joseph Conrad, novelas en donde la escritura se pliega sobre sí misma para preguntarse por las condiciones de la ficción, de la representación y la verosimilitud.
Del primer libro, Barbey d’Aurevilly, crítico y novelista de su misma época, escribió: “Va sin plan, abriéndose camino hacia delante, sin preconcepción superior, sin dudar siquiera que la vida, bajo la diversidad y el aparente desorden de sus azares, tienen sus leyes lógicas e inflexibles y sus engendramientos necesarios”. Mientras que del segundo un periódico inglés de la época señaló: “Está cargado de atmósfera, cargado de la magia de Oriente, pero le falta osamenta. La ausencia de columna vertebral paraliza el libro”. Ambos críticos reivindicaban un concepto de ficción que sanciona el deambular y la aparente falta de dirección, pero lo hacen en el período bisagra en que algo diferente comienza a sucederle a la ficción, a pesar de que recién se instalará de manera inobjetable ya entrado el siglo 20. Para Rancière esta ruptura está vinculada a algo que ni siquiera la más avanzada crítica del siglo pasado, incluso Barthes en su clásico ensayo “El efecto de realidad”, había logrado advertir: la capacidad del pueblo para vivir formas de experiencias, sensaciones y emociones que hasta ese momento les habían sido negadas; y esto provoca, entre otras cosas, una disolución de las jerarquías en el mismo universo ficcional.
Estas nuevas ficciones, vistas en su época como “monstruos sin columna vertebral”, divagaciones o sucesión de “cuadros” que ignoran el principio de subordinación de las partes al todo, inauguran una “democracia literaria” con eje en la igualdad de dos mundos que hasta ese entonces aparecían representados inequitativamente. De un lado, el mundo elegante, activo y exquisito de la aristocracia y de la alta burguesía que observaba desde las carrozas o las ventanas de sus palacios, por el otro, el mundo de las existencias humildes, prosaicas e indignas de ser tenidas en cuenta.
Esta discontinuidad se profundizaría en el siglo siguiente con las obras de Virginia Woolf, James Joyce, Proust, y sin necesidad de que de la escritura se funda y justifique en un manifiesto externo a las novelas. A través de estas lecturas, en donde el auto también recoge las experiencias literarias de Keats, Baudelaire y Büchner, se pone en juego un concepto de literatura que polemiza con algunos críticos de la modernidad literaria reivindicando el valor artístico –pero también social y político– de “un tejido ficcional hecho de ‘detalles’ sin función en la totalidad narrativa”.

Fuente: www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/con-el-acento-en-los-detalles

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