ISBN: 9789875001688

Formato: 200 págs. 14 x 20 cm.

Fecha Publicación: Junio 2013

Precio: $ 190,00 (U$S 11,18)

Historia y vida cotidiana en educación

Perspectivas interdisciplinarias

Nora Emilce Elichiry (compilación)

Introducción - Investigación socioantropológica en educación

Introducción
por Nora Emilce Elichiry

En este libro se presentan las perspectivas de investigadoras e investigadores del área educativa procedentes de diferentes disciplinas con el propósito de fomentar el intercambio y la discusión. Es desde esa mirada que se distinguen las colaboraciones individuales. Se trata de un intento de polifonía de voces, que al poseer las mismas facultades lógicas y la común confrontación puede promover nuevas construcciones.
Los estudios socioculturales han explicado el papel central que desempeña la interacción social. En consonancia con ello, los estudios dialógicos de Mijaíl Bajtín (o Mikhail Bakhtin) describen el proceso semiótico por el cual el significado de una instancia dada del discurso adquiere una estructura dinámica por la interacción de los interlocutores.
En ese sentido, se tiende a avanzar hacia nuevas discusiones tomando en cuenta la dialogicidad en los discursos orales y escritos. El enfoque adoptado sugiere un proceso de recrear interpretaciones de lo que otros teorizan y piensan. Se trata de proponer nuevos caminos para considerar cuestiones más amplias.
Si bien se reconoce que los discursos son en esencia dialógicos, se observa una tendencia a tratarlos como si no lo fueran. Vemos así que en los circuitos académicos hay una tendencia al “recitado” con predominio de textos autónomos que suelen orientarse al monólogo.
Desde esta orientación, se propone un espacio que pueda dar cabida y permita entremezclar las voces de variados sujetos con el propósito de alentar el pluralismo y la heteroglosia a través de la interacción de perspectivas.
Mientras que la visión monológica busca y tiende a transmitir información, la dialógica funciona cultivando el conocimiento, es decir, transformando las interpretaciones a través de la reflexión y el intercambio. Promover un cambio conceptual en estos términos implicaría ponderar la dimensión interactiva. Desde esta concepción el cambio conceptual no ocurre cuando se “transmite” nueva información sino cuando las diferentes voces se “interaniman” una con otra, de tal forma que los marcos interpretativos de los interlocutores se modifican y expanden en el proceso.
Voloshinov afirma que el significado es como una chispa eléctrica que ocurre solo cuando se enganchan juntas dos terminales diferentes (Voloshinov, 2009: 103), y en ese sentido se señala que una expresión dada es entendida “cuando se la contrasta contra otras expresiones concretas sobre el mismo tema; contra opiniones, puntos de vista y juicios de valor” (Bakhtin, 1981: 281).
Este es el contexto de producción de la colección de los escritos aquí compilados, todos ellos con referentes empíricos, que representan posiciones sobre temas de compromiso en los que se formulan interrogantes y se invita al debate que pueda promoverse.

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Investigación socioantropológica en educación. Para pensar la noción de contexto
por Elena L. Achilli

 

Presentación

 

Las circunstancias que llevan a generar este texto suponen la necesidad de realizar un esfuerzo de intercambios disciplinares que, de algún modo, posibilite debilitar sus fronteras. En tal sentido, aquí trataré de mostrar ciertos criterios desde donde entendemos la investigación etnográfica –o, mejor dicho, de la antropología social– desde los que podríamos acercarnos a las investigaciones en psicología y educación.

Más específicamente, intentaré presentar algunas consideraciones teórico metodológicas acerca de cómo concebimos la noción de contexto en los procesos de investigación que desarrollamos. De ahí que será necesario, en primer lugar, realizar unas breves referencias acerca del enfoque desde donde nos ubicamos y orientamos las investigaciones en el campo de la antropología y la educación.

En su conjunto, esta presentación conlleva la intención de invitar al diálogo y al debate entre enfoques de investigación –más allá de las pertenencias disciplinares– y, simultáneamente, abrir un espacio que nos permita identificar vacíos teóricos que complementen y densifiquen los campos de análisis de los procesos socioculturales. Según Eduardo Menéndez (2010), la antropología carece de una teoría de la subjetividad. Ciertamente, en muchas investigaciones solemos referirnos con asiduidad a la idea de sujeto. No obstante, hemos incursionado escasamente en profundizaciones teóricas que nos aproximen a lo que entendemos por subjetividad. De ahí que resulte propicio plantearlo en este espacio para dejar abierta la preocupación por relacionar determinada teorización sobre subjetividad con el enfoque de investigación desde donde trabajamos la noción de contexto.

 

Un enfoque antropológico relacional.

Algunos núcleos identificatorios

 

Debemos abolir la sagrada tríada del siglo XIX de política, economía y cultura como los tres ámbitos supuestamente autónomos de la acción humana, con una lógica y un proceso independientes. Debemos inventar un nuevo lenguaje que nos permitirá hablar del movimiento eterno, instantáneo, continuo de todos los procesos sociales en y entre estos tres ámbitos supuestamente distintivos (Wallerstein; 1998).

 

Hemos comenzado este punto con un epígrafe que de algún modo contradice la idea de identificar/delimitar un enfoque que se recorte en lo disciplinar. Es decir, plantearse criterios dentro del campo antropológico que, como tal, también responden a esa “tríada del siglo XIX” que fragmenta los procesos humanos y, a la vez, supuso una organización fragmentaria de las ciencias sociales. Podríamos preguntarnos entonces ¿por qué hablar o insistir en un enfoque dentro del campo de la antropología sociocultural?

Dar cuenta de tal interrogante puede abrir distintas líneas de argumentación que trascienden los objetivos de este texto. Sin embargo, solo diremos que nos ha resultado necesario delimitar un enfoque a fin de orientar tanto nuestras prácticas de investigación como de docencia universitaria en ese campo disciplinario. En tal sentido, el epígrafe puede jugar a modo de un horizonte que perturbe/tensione esta necesidad. De hecho, el mismo autor considera que criticar la fragmentación en las ciencias sociales aún resulta “incompleta” porque no ha logrado encontrar la forma de corregir el más reciente (y confuso) legado de las ciencias sociales del siglo XIX: la división del análisis social en tres áreas, tres lógicas, tres “niveles”: el económico, el político y el sociocultural. Esta tríada se encuentra en medio del camino, obstaculizando nuestro progreso intelectual. […] No hay nadie aún que haya encontrado la manera de eliminarla del lenguaje y sus implicaciones, algunas de las cuales son correctas pero la mayoría no. Tal vez el mundo deba cambiar un poco más antes de que los académicos puedan teorizar esta tríada de manera más útil (Wallerstein, 1998).

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