ISBN: 9789875001633

Formato: 376 págs. 14 x 21 cm.

Fecha Publicación: 2012

Precio: $ 400,00 (U$S 23,53)

La sociedad de iguales

El valor de la igualdad

Rogelio Demarchi, La Voz del Interior, 17/02/2013

La democracia, como sistema social, enfrenta un momento crítico. Urbi et orbi, la democracia es posible gracias a la noción de igualdad. La invención de la política y el desarrollo de las reglas del juego democrático fueron posibles gracias a un principio inalienable: todos somos iguales, de modo que todos podemos elegir y ser elegidos. Eso, en teoría, porque en la práctica cada vez somos más desiguales. Dicho de otra manera, la desigualdad ha crecido vertiginosamente. Es obvio que la desigualdad no es un problema nuevo; es un problema viejo que, ante la falta de solución, se ha agravado hasta tornarse –se podría decir– verdaderamente obsceno. No sólo entre personas, sino también entre países.
En La sociedad de iguales (Manantial, 2012), Pierre Rosanvallon aborda el tema en busca de un diagnóstico que permita, en consecuencia, vislumbrar una salida y evitar los riesgos de perder lo que hemos conseguido por culpa de lo que no hemos sido capaces de alcanzar; porque la paradoja del tiempo que nos toca vivir es que somos, en un sentido, más democráticos que antes, pero en otro sentido lo somos menos.
“La ciudadanía política progresa al mismo tiempo que retrocede la ciudadanía social. Este desgarramiento de la democracia es el hecho más importante de nuestro tiempo, y portador de las más terribles amenazas”.
Al rastrear los orígenes del problema, Rosanvallon apunta que el concepto de igualdad entró en crisis, más temprano que tarde, por imperio del capitalismo. El obrero no era igual al empresario; el proletario, se dijo en la primeras décadas del 1800, se parecía más a un esclavo que a un capitalista.
De hecho, las distintas corrientes ideológicas modernas se construyeron como tales según la posición que adoptaron frente a esa puesta en crisis del concepto de igualdad: desde los liberales y los conservadores hasta los socialistas y los comunistas, pasando por los nacionalistas y los distintos racismos.
En su momento, casi todos ellos estuvieron de acuerdo en que el Estado de Bienestar era una herramienta útil para luchar contra la desigualdad. Pero las recurrentes crisis económicas pusieron en jaque al Estado de Bienestar y, desde su desmantelamiento, la desigualdad no ha dejado de crecer.
Según Rosanvallon, la única solución es construir una nueva noción de igualdad que incluya tanto lo político como lo económico, “fundar una verdadera teoría general de la igualdad, con el objeto de dar bases sólidas y universalizables a las acciones reformadoras”.
En un primer bosquejo de esa teoría, este libro articula tres conceptos claves. El primero es la singularidad: el Estado debe personalizar su acción. El segundo es la reciprocidad, entendida como igualdad de interacción y de compromiso social. El tercero es la comunalidad: debe re-fortificarse en todos nosotros el sentido de comunidad, de vida compartida. Con ellos entrelazados, se puede definir qué desigualdades se atacará primero (ingresos, patrimonio, acceso a la salud o a la educación, etcétera). No es una mera utopía. Es, si se quiere, pragmatismo puro. Cuanto más iguales sean los integrantes de una sociedad cualquiera, más integrados y seguros vivirán.

Fuente: www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/valor%EF%BF%BDde-la%EF%BF%BDigualdad

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