ISBN: 9789875001602

Formato: 192 págs. 14 x 22 cm.

Fecha Publicación: 2012

Precio: $ 230,00 (U$S 13,53)

Claridad de todo

De Lacan a Marx, de Aristóteles a Mao

I. Encuentros con Lacan, en el horizonte de la ciencia

Juan Pablo Lucchelli: Podríamos partir de su encuentro con la obra de Lacan e incluso con el hombre. ¿Qué podría decirnos sobre esto?

 

Jean-Claude Milner: En el punto inicial hay que situar a Althusser. En 1963-1964 organizó un seminario sobre el estructuralismo; en este seminario se había previsto una secuencia referida a la obra de Lacan, secuencia que estuvo a cargo de Jacques-Alain Miller. Para mí significó un auténtico descubrimiento; había oído hablar por primera vez de Lacan en el seminario de Roland Barthes, en 1962, pero en aquel momento no conocía nada de su obra. Ni siquiera sabía si vivía o no. Esto permite apreciar cuánto ignoraba su trayectoria el mundo al que yo pertenecía (y que era el del normalien medio). Louis Althusser contribuyó de manera decisiva a cambiar este estado de cosas. Sólo puedo hablar por mí pero, en todo caso, al asistir a las presentaciones de Jacques-Alain Miller en el seminario de Althusser, tuve la sensación de encontrarme con algo que no se parecía en nada a lo que había conocido antes. Sin embargo, ya me  había involucrado en la lingüística estructural y lo que me interesaba de Lacan no era la semejanza con la lingüística estructural tal como yo empezaba a conocerla, sino más bien las diferencias, el “más” que él implicaba. Por supuesto, en ese momento yo hubiera sido incapaz de situar ese “más”. Éste es, pues, el punto de partida. Luego sucede –otra contingencia– que Lacan no puede seguir dando su seminario en Sainte-Anne; Louis Althusser le propone ir a la École normale supérieure. Cronológicamente, estos episodios son muy cercanos, casi simultáneos, pero, en el tiempo lógico, la escansión decisiva fue cabalmente la intervención de Jaques-Alain Miller; la serie de sesiones que se desplegó entonces fue importante para mí y para otros. A mis ojos, la continuación del seminario de Lacan en la rue de Ulm,* a principios de diciembre de 1965, y el lanzamiento de los Cahiers pour l’analyse en enero de 1966, sólo adquieren sentido por ese primer tiempo. Oír a Lacan en persona, conocerlo, hablarle, todo esto, en el tiempo lógico, sucedió después de conocer sus textos y de la decisión de leerlos, en cierto modo, palabra por palabra. Recuerdo que esto sucedía antes de la publicación de los Escritos; los textos de Lacan se hallaban dispersos y a veces eran difíciles de hallar. Se produjo en consecuencia una especie de cacería bibliofílica que no carecía de encanto propio. Éste no es lugar para hablar más en detalle de los Cahiers pour l’analyse; otros, no yo, participaron en ellos y no podría hablar en su nombre. En cuanto al programa que me fijé entonces a mí mismo, nunca lo expuse en su totalidad; quizá sólo lo comprendí de verdad a posteriori; sea como fuere, permaneció en suspenso hasta después de Mayo del 68. En los primeros años, mi relación personal con Lacan se mantuvo distante; cobró otro cariz durante la década de 1970, tras mi paso por el maoísmo; me vi entonces varias veces con Lacan; tuvimos conversaciones, cenas frente a frente. No era una relación de analizante a analista. Digamos que durante un tiempo se estableció una interlocución. Tal es, a grandes rasgos, el esquema.

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