ISBN: 9789875001558

Formato: 275 págs. 14 x 22 cm.

Fecha Publicación: 2011

Precio: $ 320,00 (U$S 18,82)

Agotado

El ojo absoluto

La transparencia como ideología

Luis Diego Fernández, Clarín - Revista Ñ, 18/04/2012

Del rastreo satelital a las imágenes corporales que la tecnología médica revela, “el ojo absoluto es el dios de la religión moderna de la transparencia”, dice el psicoanalista francés Gérard Wajcman, para quien “la edad de lo privado está terminada”.

La publicación reciente de El ojo absoluto del psicoanalista francés Gérard Wajcman ha colocado la reflexión en un ámbito sobre el que la filosofía y las ciencias sociales han vuelto una y otra vez durante el siglo XX, pero que desde fines de siglo pasado y comienzos del XXI se ha tornado central y que es necesario pensar con cierta precisión. El acto de ver se ha convertido en un arma poderosísima, señala Wajcman, desde la vigilancia por video hasta los satélites, de Facebook al cine (corazón de la máquina de visión moderna), todo es visible. La transparencia es el lugar de llegada; lo íntimo parece disolverse hasta su desaparición o reconversión.

“Basta ir una noche a la Web y abrir Google Earth para comprobar, en la penumbra de nuestro cuarto y con un simple clic, que no existe un centímetro cuadrado de la Tierra que no esté visto”, escribe. El pensamiento de Wajcman, de algún modo, replantea el tema del ojo como elemento, lugar de partida y llegada. En ese sentido, el autor permite adentrarnos en lo que denomina la “ideología de la transparencia”, espacio amenazante que borra la posibilidad de lo privado y lo público: escisión donde la intimidad misma es puesta en duda.

Dice Wajcman: “Nos miran. Es un rasgo de esta época. Somos mirados todo el tiempo, por todas partes, bajo todas las costuras. Hay ojos por todos lados, de todo tipo, extensiones maquínicas del ojo, prótesis de la mirada”. Ese ojo totalizador es emergente de la lógica aparición de una civilización paranoide y en permanente estado de alerta. Si todos somos mirados, esa potencia se despliega con naturalidad y perversión. Ya no será tanto la vigilancia y el castigo, sino el “me mirás, luego soy”. Esa es la matriz, según Wajcman, por la que tenemos entidad y somos legitimados. En algún aspecto, la potencia de verlo todo nos llevará a una situación inédita de lo hipervisible al punto del paroxismo. Esta visión es, además, una mirada moral, que juzga, delibera y categoriza sobre los cuerpos y conductas. En diálogo con Ñ , Gérard Wajcman pensó estas y otras cuestiones en detalle.

-¿A qué llama exactamente “el ojo absoluto” y cuáles serían sus atributos?
-Lo que yo denomino de esa manera es un fantasma de la ciencia. El ojo hipermoderno ve todo y pretende verlo todo. Aquí es donde tenemos el problema: en la pretensión de verlo todo. Pasamos de una cuestión científica a una variable ideológica de hoy. La ciencia está conformada por instrumentos muy sofisticados, las tecnologías de la imagen explotan por todos los dominios. Freud vio a la civilización occidental como el movimiento del hombre por perfeccionar y expandir sus órganos, y, por ende, su poder. El ojo es hoy el órgano maestro de la civilización. Esto es porque somos una civilización de la mirada. Creo que eso caracteriza la ciencia y la época donde vivimos. La ciencia responde a nuestro deseo de ver todo. El problema de hoy es que la ciencia desea un imperativo, una ley, para ver todo el universo. Toda la verdad se extrae de la imagen, de la percepción. El ojo absoluto es el dios de la religión moderna de la transparencia, una religión científica en la que el mundo entero deviene común.

-En su libro hay muchas menciones a películas, ¿cree que el cine es un modelo de máquina de visión?
-Creo que es una de las expresiones más formidables del desarrollo de las tecnologías de la mirada. De todos los ojos electrónicos, el cine implica una lógica del dominio especial de la mirada. Un filme como Minority Report de Steven Spielberg se puede ver como un síntoma de estos tiempos. Tiene una dimensión crítica y una pedagógica. Basada en una novela de Philip K. Dick, pone en escena el concepto del ojo absoluto. Una revuelta paranoica del nazismo que denuncia la voluntad de vigilar y castigar el mal por anticipado. En ese sentido, el ojo absoluto es visto como un bien para prevenir el crimen hipotético (precrimen), y opera criminalizando potenciales delincuentes, tal como lo es en los Estados Unidos hoy.

-¿La idea del panóptico de la filosofía de Michel Foucault es todavía una categoría efectiva para reflexionar sobre la visión y el ojo?
-Creo que la cuestión del panóptico de Foucault que toma de Jeremy Bentham es fascinante. Este es el sistema de poder en la prisión y la sociedad. La suposición es que la mirada del sujeto implica la mirada sobre otro, el deseo y el ver es central también en la teoría de Lacan. Pero el sistema del panóptico no es exactamente el que corresponde a la época del ojo absoluto, ni a un dispositivo actual de la mirada de vigilancia. Justamente, hoy parece que la democratización de las ciencias triunfantes han logrado que el mundo mismo sea visto como un globo ocular. Las cámaras ya no son más disimuladas, sino evidentes con un afán disuasor.

-¿Dónde aparece el cuerpo en su concepción de lo visible?
-El cuerpo ocupa un lugar hoy que es muy importante. La imagen narcisista del cuerpo, desde luego, también es relevante. Los sujetos hoy están desorientados. Esa desorientación viene de las miradas y las conductas en la sociedad. La incertidumbre en las doctrinas filosóficas y las guías. Frente a eso la ciencia responde: nos queda el cuerpo. El cuerpo es una mejor guía de las personas. Otro lugar que ocupa hoy el cuerpo es el de la desacralización. La reducción del cuerpo al estado de mercancía. La ciencia ha impuesto una visión cartesiana del cuerpo. El tráfico mundial de órganos implica esta concepción. El cuerpo reparado o ensamblado supone una suerte de poshumanidad. El cuerpo también se halla en un mundo de placer y goce. La sexualidad y la liberación conciernen a ello. El placer es un imperativo, el mundo hipermoderno es el triunfo de la adicción. Y ese juego es mostrado permanentemente por los diferentes dispositivos oculares.

-¿En qué sentido el 11 de septiembre de 2001 ha cambiado la percepción de la realidad y de la visión en particular?
-El 11-S está marcado por las imágenes y a la vez marca las imágenes. Es un crimen cometido por un acto espectacular al estilo de las catástrofes hollywoodenses: el asesinato de miles de personas en la destrucción de las Torres Gemelas se puede ver como un atentado contra la imagen humana, contra nuestra humanidad. Es indudable que el siglo XXI comenzó con esta destrucción, vista por millones de personas: una arquitectura, una ciudad y la imagen de esa ciudad, el precioso horizonte de Nueva York. Esa imagen de la ausencia es la marca indeleble del siglo XXI.

-¿En la edad hipermoderna nada está “oculto”?
-Es la idea de la transparencia. Ella reina en todos los dominios. Ella domina nuestra vida. Por ejemplo, pensemos en Facebook, Mark Zuckerberg pone en escena el secreto de lo íntimo. La edad de lo privado está terminada. Eso supone que no todo está dicho sino también mostrado y visto. La idea misma de secreto parece no tener sentido.

-Entonces, ¿si es posible ver todo, no cree que, en rigor, no estamos viendo nada?
-Le diría que la mirada común y total, nuestra mirada, supone la tecnología de todas esas máquinas que nos vigilan y una educación, un saber, un lenguaje que se ofrece permanentemente a nuestro ojo. La mirada está diferida y está reenviada a la eternidad.

Fuente: www.revistaenie.clarin.com/ideas/Gerard-Wajcman-ojo-absoluto_0_682131793.html

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