ISBN: 9789875001534

Formato: 176 págs. 14 x 21 cm.

Fecha Publicación: 2011

Precio: $ 180,00 (U$S 10,59)

En la pendiente

Celebración de la digresión

José María Brindisi, La Nación - ADN, 20/01/2012

Dos seres en las antípodas conversan en En la pendiente, novela del suizo Markus Werner que va acercándose con fluidez y sigilo a la clave de su enigma.

Es común que los lectores se vuelvan extremistas: un libro suele no gustarles, o al menos es ése el modo en que traducen sus sensaciones, porque prefieren otro tipo de literatura. Es frecuente entonces escuchar alguna clase de encolumnamiento, una suerte de fundamentalismo que necesita, en todos los casos, de enemigos visibles: la sencillez, la pretenciosidad, la sensiblería, el sarcasmo, la profundidad, la síntesis. Sin embargo, está probado que se puede ser muchos lectores a la vez. Sin hacer una enconada defensa de lo que no necesita ser defendido, ni expulsar del paraíso a quienes trabajen en otras direcciones, puede decirse que En la pendiente es una demostración rotunda de que la literatura puede ser simple, y así y todo contundente, y así y todo entreverarse con aquel que lee a través de múltiples caminos.

Es que la novela del suizo Markus Werner -nacido en 1944 y desconocido hasta ahora para nosotros- está montada sobre un esquema por demás básico: una ríspida conversación entre dos hombres a quienes une poco y nada. Escrita tal vez bajo el influjo de ese otro centroeuropeo que es el húngaro Sandor Marai, a diferencia de El último encuentro la historia de Werner no reúne a dos pares, que además de haber sido amigos comparten una filosofía y una ética, sino a dos seres que se hallan en las antípodas. Allí está el núcleo sobre el que gira el relato, esa oposición que es una promesa de conflicto pero asimismo la clave de un enigma.

Uno de los aciertos de En la pendiente es hasta qué punto Werner logra dosificar esa intriga con elegancia, habilidad y con absoluta nobleza. Al respecto, el motor fundamental de la trama es la coexistencia nada pacífica, en el interior de ambos protagonistas, de todo aquello que los separa y eso otro -que en cada uno toma un rostro distinto- que parece haberlos imantado. En esa ambivalencia, que es un campo minado y a la vez una tierra fecunda, Werner desarrolla la tensión de un relato que cambia de humor constantemente. Dicha naturalidad deviene en buena medida de su carácter oral, por otro lado riesgoso por lo difícil de sostener. Werner sortea ese trance sin apremios. El logro mayor, con todo, reside sin duda en sostener el misterio en torno al personaje de Loos, ese adversario con que se ha topado el narrador y por el que siente, de a ratos, fascinación o repudio. El riesgo al que se enfrentaba el autor no era poca cosa: cómo hacer hablar constantemente a su protagonista sin quedarse con las manos vacías.

En la segunda página del libro, el narrador -de nombre Thomas Clarin- se dice a sí mismo en voz alta: "Hay que buscar el principio, desenredar la madeja con cuidado, tomar la hebra, desenrollarla sin apuro y enrollarla en el carrete con esmero, tirante". Y esa madeja sólo puede ser desenredada de una manera: lentamente. En la pendiente se torna una clara celebración, como planteo narrativo, de la lentitud, a la vez que de la digresión. El pequeño milagro de Werner es que todo se relacione sin esfuerzo. Y hay en sus páginas otro mérito insoslayable: el de acercarse a la naturaleza femenina sólo para demostrar que es, y seguirá siendo, el mayor de los misterios.

Fuente: www.lanacion.com.ar/m1/1441270-celebracion-de-la-digresion

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