ISBN: 9789875001428

Formato: 416 págs. 16 x 23 cm.

Fecha Publicación: 2010

Precio: $ 500,00 (U$S 29,41)

Seminario La bestia y el soberano. Volumen I (2001-2002)

Nota de los editores - Primera sesión. 12 de diciembre de 2001

Nota de los editores

El seminario titulado "La bestia y el soberano" fue el último de los seminarios impartidos por Jacques Derrida en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, en París, desde el otoño de 2001 hasta la primavera de 2003. En vez de tratar de ofrecer un resumen forzosamente reductor de éste, reproducimos aquí la presentación que hizo Jacques Derrida en el Annuaire de l’EHESS:

"Hemos llevado a cabo ciertas investigaciones que nos condujeron en los años anteriores, en torno a la pena de muerte, a estudiar la soberanía, la historia política y ontoteológica de su concepto y de sus figuras. Este año hemos privilegiado deliberadamente lo que esta historia entretejía con la de un pensamiento del ser vivo (de lo biológico y de lo zoológico), más concretamente con la de la forma de tratar la vida así llamada animal en todos sus registros (caza y domesticación, historia política de los parques y jardines zoológicos, cría, explotación industrial y experimental del ser vivo animal, figuras de la 'bestialidad', de la 'bestiada', etc.). No se trataba sólo de estudiar, desde Aristóteles –e, incluso, en algunas discusiones contemporáneas (Foucault, Agamben)–, los textos canónicos en torno a la interpretación del hombre como 'animal político'. Sobre todo había que explorar las 'lógicas' que organizaban tan pronto la sumisión de la bestia (y del ser vivo) a la soberanía política tan pronto una analogía irresistible y sobrecargada entre una bestia y un soberano que se supone que comparten el lugar de cierta exterioridad con respecto a la 'ley' y al 'derecho' (fuera de la ley: por encima de las leyes: origen y fundamento de la ley).
De esa analogía sobrecargada hemos estudiado un gran número de indicios filosóficos, retóricos, políticos, etc. (Fábulas de La Fontaine así como la tradición que las precede o las sigue, textos de Maquiavelo, de Schmitt, etc.). También hemos intentado una suerte de taxonomía de las figuras animales de lo político y, especialmente, desde el punto de vista de la soberanía (siempre fuera de la ley: por encima de las leyes). Junto al león, al zorro, etc., el 'personaje' del lobo (en numerosas culturas) y con frecuencia del 'hombre-lobo' (en Europa) nos ha tenido muy ocupados desde Plauto hasta Hobbes y Rousseau.
En el horizonte constante de nuestro trabajo, están las cuestiones generales de la fuerza y del derecho, del derecho y de la justicia, de lo 'propio del hombre' y de la interpretación filosófica de los límites entre lo que denominamos el hombre y lo que denominamos, de forma abusiva y en singular general, el animal. De la 'bestialidad' y de la bestiada, que supuestamente son propias del hombre en la relación con su semejante y ajenas al 'animal', hemos esbozado, desde este punto de vista, una lectura que problematiza algunos escritos de Lacan sobre la 'bestialidad', de Deleuze (Diferencia y repetición) sobre la 'bestiada', de Deleuze y Guattari (Mil mesetas) sobre el devenir-animal del hombre."

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Primera sesión
12 de diciembre de 2001

La… el.
Recuerdo el título propuesto para el seminario de este año: la bestia y el soberano. La, el.
Naturalmente, trataré de justificar este título según avancemos y, por así decirlo, paso a paso, quizás a paso de lobo. Aquellos y aquellas que han seguido los seminarios de los años anteriores sobre la pena de muerte saben que la inmensa y temible cuestión  de la soberanía fue central en aquellos. Esta cuestión inagotable garantizará pues cierta continuidad entre los seminarios pasados y lo que todavía no ha sido desbrozado desde el nuevo ángulo, mediante el giro o asimismo en el viraje del seminario por venir.
La cuestión del animal también fue, aquí y en otros lugares, una de nuestras preocupaciones permanentes. Pero la bestia no es exactamente el animal, y sólo con posterioridad, después de haber elegido este título, la letra de este título, la bestia y el soberano, comprendí al menos una de las líneas de fuerza o una de las connotaciones silenciosas pero insistentes en lo que me parecía que imponía su letra misma, incluso a mi inconsciente, incluso al inconsciente del título, "la bestia y el soberano", a saber, la diferencia sexual marcada en la gramática de los artículos definidos, la, el (femenina, masculino), como si nombrásemos ahí, de antemano, cierta pareja, cierto apareamiento, una intriga de alianza o de hostilidad, de guerra o de paz, de matrimonio o de divorcio –no sólo entre dos especies de seres vivos (el animal y el hombre) sino entre dos sexos que, desde el título, y en una lengua determinada, la nuestra, se montan una escena.
¿Qué escena?
"Vamos a mostrarlo enseguida." (Pizarra)

A paso de lobo. Imaginen un seminario que comenzase así, a paso de lobo:

"Vamos a mostrarlo enseguida."
¿El qué? ¿Qué es lo que vamos a mostrar enseguida? Pues bien, "vamos a mostrarlo enseguida".

Imaginen un seminario que comenzase así, casi sin decir nada, con un "vamos a mostrarlo enseguida". ¿El qué? ¿Qué es lo que vamos a mostrar enseguida? Pues bien, "vamos a mostrarlo enseguida".
¿Por qué se diría de un seminario semejante que avanza a paso de lobo?
Sin embargo, lo digo. Avanza a paso de lobo. Lo digo con referencia a esa locución proverbial, "a paso de lobo", que en general significa una especie de introducción, de intrusión discreta, incluso una especie de fractura inaparente, sin espectáculo, cuasi secreta, clandestina, una entrada que hace lo que sea para pasar desapercibida y, sobre todo, para no dejarse detener, interceptar, interrumpir. Avanzar "a paso de lobo" es caminar sin hacer ruido, llegar sin prevenir, proceder discretamente, de forma silenciosa, invisible, casi inaudible e imperceptible, como para sorprender a una presa, como para prender sorprendiendo lo que está al alcance de la vista pero que no ve venir lo que ya lo ve, el otro que se dispone a prenderlo por sorpresa, a comprenderlo por sorpresa. La palabra, puesto que de lo que se trata aquí es de palabra silenciosa, la palabra entonces, procediendo a paso de lobo, no procedería "a paso de paloma", según lo que una gran tradición filosófica dice de la paloma, del andar o de los andares casi inaparentes de la verdad que avanza en la historia como un ladrón o incluso con alas (recuerden lo que ya decía Kant, mientras seguimos en el palomar de la filosofía, en la "Introducción" a la Crítica de la razón pura, acerca de la ligera paloma (die leichte Taube) que, con sus alas, no siente la resistencia del aire y se imagina que sería todavía mejor en el vacío. Y, sobre todo Zaratustra, en ese libro que es uno de los más ricos bestiarios de la biblioteca filosófica occidental. Un bestiario por lo demás político, lleno de figuras animales como figuras de lo político. Una paloma atraviesa un canto, justo al final de la segunda parte de Así habló Zaratustra, "La más silenciosa de todas las horas" (éste es el título de ese canto). Esa hora del silencio supremo toma la palabra, me habla, se dirige a mí y es la mía, es mi hora, me habló ayer –dice–, me susurra en el hueco del oído, está muy cerca de mí, como dentro de mí, como la voz del otro dentro de mí, como mi voz del otro, y su nombre, el nombre de esa hora de silencio, de mi hora de silencio, es el de una espantosa soberana: "Gestern gen Abend sprach zu mir meine stillste Stunde: das ist der Name meiner furchtbaren Herrin [Ayer noche mi hora de supremo silencio (mi hora del mayor, del soberano silencio) me habló: ése es el nombre de mi aterradora soberana: 'das ist der Name meiner furchtbaren Herrin']". (Comentar: la hora, mi hora, la hora de mi silencio soberano me habla y su nombre, el de esa silenciosa absoluta, es el de mi amante más temible, la que me habla en silencio, la que me conmina en silencio, cuchicheando a  través del silencio, la que me ordena en silencio, como silencio.) Pero, ¿qué va a decirle, a decirme, en el transcurso de ese canto que les dejo a ustedes que lean? Después de haberle dicho, después de haberme dicho –dice Zaratustra– "lo que es lo más imperdonable en ti (dein Unverzeihlichstes) es que tienes el poder (Macht) y que no quieres reinar (du willst nicht herrschen)", tienes el poder y no quieres ser soberano. Respuesta de Zaratustra, quien de nuevo hace que comparezcan juntos el poder soberano y la bestia: "Para cualquier mandato, me falta la voz del león". En ese momento, su voz más silenciosa le dice, como en un cuchicheo: "Da sprach es wieder wie ein Flüstern zu mir: 'Die stillsten Worte sind es, welche den Sturm bringen, Gedanken, die wit Taubenfüssen kommen, lenken die Welt […]' ['Son las palabras más silenciosas las que aportan la tempestad. Son los pensamientos que vienen sobre las patas de paloma los que rigen el mundo']".
Lean lo que sigue: la voz de fino silencio, podría decirse parodiando a los reyes de la Biblia, la voz silenciosa le manda mandar, pero mandar en silencio, convertirse en soberano, aprender a mandar, dar órdenes (befehlen), y aprender a mandar en silencio, aprendiendo que el silencio, la orden silenciosa es la que manda y rige el mundo. Sobre las patas de paloma, a paso de paloma.
Ahora bien, ¿dónde andábamos hace un momento? No al modo de la paloma, decíamos, y menos aún a paso de paloma, sino "a paso de lobo". Lo que quiere decir asimismo, aunque de un modo muy distinto que en el paso de paloma: de forma silenciosa, discreta e inaparente. Lo que el paso de paloma y el paso de lobo tienen en común es que ambos pasos no se oyen en absoluto. Pero uno anuncia la guerra, el señor de la guerra, el soberano que ordena la guerra, el otro ordena silenciosamente la paz. Son dos figuras importantes de la gran zoopolítica que nos preocupa aquí, que no dejará ni deja ya de ocuparnos de antemano. Ambas figuras preocupan nuestro espacio. No se pueden imaginar animales más diferentes, si no antagonistas, que la paloma y el lobo, constituyendo la primera más bien la alegoría de la paz, desde el arca de Noé que garantiza para el porvenir la salvación de la humanidad y de sus animales, y constituyendo la otra, el lobo, lo mismo que el halcón, la alegoría de la caza y la guerra, la presa, la depredación.

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