ISBN: 9789875001183

Formato: 352 págs. 14 x 22 cm.

Fecha Publicación: 2008

Precio: $ 360,00 (U$S 21,18)

Nihilismo y política

Con textos de Jean-Luc Nancy, Leo Strauss, Jacob Taubes

Prefacio - Jean-Luc Nancy. Tres fragmentos sobre nihilismo y política

Prefacio

Este libro se inscribe en el problemático proyecto de repensar la relación entre filosofía y política fuera del horizonte disciplinario de la “filosofía política”, en todas sus acepciones, escuelas, tradiciones. E incluso fuera de la misma modalidad de la “relación” -si con esta expresión se alude a una relación entre dos términos separados y recíprocamente funcionales-. De cualquier manera que haya sido entendida -o como subordinación de la filosofía a las exigencias de una cierta política o como adecuación de la política a las pretensiones de una cierta filosofía- tal relación aparece hoy literalmente exhausta. Pero tal agotamiento, lejos de cerrar el problema, abre más bien una interrogación más radical sobre el aspecto político de la misma filosofía.
Sin podernos detener en el carácter peculiar de tal politicidad -aunque en los ensayos publicados se da más de una indicación al respecto- el tratamiento del nihilismo que aquí presentamos es remitida a este horizonte de sentido. Para prescindir de las diferentes declinaciones a las cuales el fenómeno nihilista es reconducido, todas las intervenciones del libro convergen en asumirlo como la cuestión decisiva de nuestro tiempo -de conformidad con la enigmática intuición de Walter Benjamin, para quien el nihilismo constituye también el “método” de la “acción política mundial”-. Lo que varía en las tres partes que articulan el volumen es en todo caso la sensibilidad, o la tonalidad -respectivamente teórica, histórico-conceptual y teológica- con las cuales la cuestión resulta enfrentada. A cada uno de los tres grupos de ensayos, finalmente, ha sido antepuesto un texto nunca traducido sobre el argumento, obra de autores particularmente relevantes en la reflexión contemporánea.

***

Jean-Luc Nancy. Tres fragmentos sobre nihilismo y política

1. Entre destrucción y extinción

Este título nace de la lectura de un fragmento de Nietzsche sobre el “equívoco” del nihilismo. Es el fragmento 9 [35] de los fragmentos póstumos que se remonta al otoño de 1887-marzo de 1888. Sin citar todo el texto, lo resumo de este modo: el nihilismo es un fenómeno fundamentalmente “equívoco”; puede tratarse de un “nihilismo activo”, y por lo tanto de un signo de fuerza, en el sentido en que “la energía del espíritu puede ser aumentada tanto que los fines hasta entonces perseguidos [...] le resulten inadecuados”; como tal, él alcanza su “máximo” “como fuerza violenta de DESTRUCCIÓN”; o bien puede tratarse de un “nihilismo pasivo”, en el cual “la energía del espíritu puede estar extenuada, agotada, de modo tal que los valores hasta ahora prevalecientes resulten inadecuados”; tales valores “se hacen la guerra: disgregación”.
El nihilismo es por lo tanto apresado en un equívoco, que lo mantiene abierto sobre esta doble posibilidad; por una o por otra, pero también por una y por otra. ¿Qué acontece en el intervalo entre las dos? Es decir, ¿cómo el nihilismo puede sustraerse al equívoco? Quisiera intentar responder de modo simple este interrogante. Hay dos posibilidades: o el intervalo no es más que el nihilismo mismo, el corazón unívoco del equívoco, o bien apunta, en el extremo del nihilismo, hacia algo diverso. Estas dos posibilidades, como se sabe, están presentes en Nietzsche y constituyen lo que debería llamarse también el equívoco de Nietzsche, desde el momento en que Nietzsche mismo sabe ser y quiere ser el extremo del nihilismo. No quiero sin embargo detenerme en Nietzsche, hoy. Quisiera en cambio interrogarme sobre nosotros, que habitamos este extremo, nosotros que estamos quizás en el extremo de este extremo, en el “extremo ultimísimo” del nihilismo. Es decir: ¿dónde?
1. Primera posibilidad: el nihilismo mismo es el intervalo entre las dos posibilidades. No es que se trate de un género que subsume dos especies, no es que se trate en otras palabras de una categoría abstracta que contiene dos posibilidades concretas. Se trata en todo caso de un “estado intermedio (Zwischenzustand)”, en toda su efectividad, o bien de un “estado patológico intermedio”, cuya patología se debe precisamente a su condición intermedia. El nihilismo consiste, entonces, en permanecer suspendido entre la destrucción y la extinción, en tender hacia una y hacia otra, alternativa y simultáneamente, exponiendo ambas posibilidades sin realizar ninguna. una u otra pondrían fin al nihilismo, poniendo tal vez fin a la humanidad. Pero la una junto a la otra perpetúan el nihilismo. El estado patológico intermedio se perpetúa como estado “normal” (es así que suena el incipit del fragmento). La normalidad es el mantenimiento indefinido de los fines, al mismo tiempo: una tendencia nunca extinguida y la eterna reaparición del problema del cumplimiento, del fin, del aniquilamiento, en un agotamiento infinito.
No terminar nunca de terminar: el terror nuclear; la destrucción bélica; las carestías; las poblaciones renovadas en una cadena acelerada; las devastaciones a las cuales siguen los paliativos; la pérdida del sentido con la cual se acompañan los suplementos del alma; la muerte siempre más cierta pero también siempre más circundada, asediada, diferida; el capital reorganizado de sus mismas crisis; la totalidad del proceso relanzado como tal precisamente en virtud de su carácter errático.
El ex-terminio –entendiéndolo también como el término sin término, el aniquilamiento sin nada– es, ciertamente no por casualidad, la consigna de la edad del nihilismo. El interminable exterminio, condición de normalidad.
Destrucción y extinción señalan el doble extremo del nihilismo, su configuración “máxima” y su configuración “mínima”, su doble configuración o más bien su doble intensidad, su configuración como intensidad, como fuerza.
Puesto que el nihilismo es un asunto de fuerza. Es un “signo de fuerza”, reza el fragmento. y para ser más precisos, antes de ser un discurso o una representación, el nihilismo es un estado energético generado por un proceso bien determinado.
El proceso que genera el nihilismo es la revuelta del “sentido de veracidad” contra el propio origen, vale decir, contra el Dios-verdad del cristianismo y contra la interpretación moral del mundo que surge de él. La “falsedad y duplicidad” de esta “verdad” viene de tal modo reconocida y denunciada que genera por “contragolpe” la creencia de que “todo sea falso”. El nihilismo es la energía de este “contragolpe”, gracias al cual el Dios-verdad se revela contra sí mismo y se denuncia.
De un solo “golpe” el nihilismo se revela así “patológico”, y el mismo Nietzsche precisa: “patología es la inmensa generalización, la conclusión de que no hay ningún sentido [Schluss auf gar keinen Sinn]”. Creer que no haya ningún sentido –contragolpe del creer en un sentido verdadero– constituye la patología nihilista, una contrapatología que permanece suspendida entre los dos extremos de la fuerza: “sea que las energías creativas no sean todavía suficientemente fuertes, sea que la decadencia se demore y no haya encontrado aún sus remedios”.

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