ISBN: 9789875000957

Formato: 408 págs. 16 x 23 cm.

Fecha Publicación: 2006

Precio: $ 400,00 (U$S 23,53)

Agotado

El espíritu sociológico

Introducción. Espíritu sociológico, espíritu crítico

"¿Qué es la sociología? Es por la acción que deberíamos constestar. Entendamos: por producciones sociológicas. El más mínimo elemento de inducción positiva haría mejor nuestro trabajo, podría decirse, que cien andanadas de disertaciones abstractas. Y eso no lo ignoramos."
C. Bouglé, Qu’est-ce que la sociologie?, 1925

"El sabio tiene el deber de desarrollar su espíritu crítico, y de no someter su entendimiento a ninguna otra autoridad que la de la razón."
E. Durkheim, Leçons de sociologie. Physique des moeurs et du droit, 1890-1900

¿Qué significa pensar y conocer en sociología? ¿Qué impone el punto de vista sociológico en términos de obligaciones teóricas, metodológicas y empíricas? ¿Por qué resulta particularmente valioso ese tipo de mirada científica dirigida al mundo social? Como paréntesis epistemológico y retórico (pero también metodológico) entre dos trabajos de investigación, este libro fue ideado con el fin de explicitar y transmitir una serie de hábitos y actitudes intelectuales propias del oficio de sociólogo. Por eso se dirige a todos los lectores de ciencias sociales, ocasionales o habituales, profanos o expertos, estudiantes o colegas (investigadores y docentes de los niveles superior o secundario), como también a todos aquellos que, aun estando fuera del universo de las ciencias sociales (trabajadores sociales, educadores, profesionales de la cultura, periodistas, militantes de organizaciones sociales, sindicales o políticas), tratan de entender cómo “funciona” el mundo social, y a veces leen a los sociólogos con curiosidad, interés e incluso con pasión.

Excepto algunos capítulos que insisten más particularmente en una manera (a la vez disposicionalista y contextualista) de hacer sociología, en su mayor parte, este libro está animado por el deseo de decir, con el menor misterio y con la mayor precisión posible, qué cosas hace el sociólogo para producir un conocimiento científico sobre el mundo social. Fruto de reflexiones acerca del trabajo de interpretación sociológica instrumentado en función de datos de diversa índole (observaciones, entrevistas, documentación escrita, datos cuantitativos), la obra aborda cuestiones –tales como la descripción, la interpretación y sobreinterpretación, la objetivación, el uso sociológico de analogías, las diferencias y las relaciones entre objetivación sociológica y crítica social, entre el orden de la práctica y el orden del discurso o entre sociología y literatura– que son centrales en el aprendizaje de la mirada sociológica y en el de los gestos y disposiciones inherentes al oficio de sociólogo. Por otra parte, en el contexto actual, definir el espíritu sociológico obliga a precisar la especificidad de las ciencias sociales historizantes con relación a las ciencias cognitivas naturalizantes, resaltando el carácter social de las estructuras mentales (o cognitivas) y comportamentales.

Desde luego, el oficio de sociólogo no se reduce a esos aspectos, y se apoya en una serie de disposiciones y competencias relacionales, prácticas y técnicas (saber dar con buenos informantes, tomar contacto con potenciales encuestados, lograr observar prácticas, hacer buenas entrevistas y transcribirlas correctamente, etc.) que no serán abordadas en estas páginas. Estos aspectos, todos ellos importantes, se aprenden mejor en el transcurso mismo de investigaciones individuales o colectivas. Por otra parte, el conjunto de las actitudes y de las maneras de pensar o reaccionar explicitadas en esta obra son más eficaces si se las destila de a poco, en función de los reales problemas con que se topan los aprendices. Basado en la concepción wittgensteiniana de la existencia de problemas filosóficos en términos de “males” y de “patologías de lenguaje”, siempre creí que la mejor manera de ayudar a los aprendices de sociológos consistía en aportar una gran cantidad de pequeños direccionamientos correctivos de sus “malos hábitos” de hablar, escribir y pensar (muy imprecisos, abstractos, generalizadores, implícitos, contradictorios, normativos, esencialistas, desconectados de todo afán realista en materia de realización de investigaciones empíricas, etc.), a la manera de un ortoptista o de un reeducador ortoptista. Después de todo, diagnosticar el estado de salud intelectual del aprendiz, de sus “malformaciones” y “enfermedades”, y proponerle una serie de ejercicios reeducativos, o una serie de tratamientos y remedios para lograr la curación es, en el fondo, el rol de un buen entrenador en sociología.

La intención pedagógica de este libro, que es lo opuesto a todas las formas de mistagogia, podría llevar a clasificarlo en la categoría de “manual de sociología”. Y sin embargo, en muchos de sus aspectos, la obra no respeta realmente las propiedades del género: no pretende presentar autores, corrientes ni métodos sociológicos, no se propone ninguna exhaustividad en la presentación de los problemas que enfrentan los investigadores y, por sobre todo, se muestra demasiado crítica como para ser considerada de ese modo. Si hubiera que afiliarla a algún género en particular, entraría más fácilmente en la categoría de antimanual debido a su carácter de libro de investigador y no de docente. Así como no leemos una obra en la misma forma cuando queremos transmitirle la totalidad del razonamiento a un público estudiantil (lectura pedagógica) y cuando queremos continuar construyendo nuestro razonamiento de investigadores, confrontándolo con la producción de algunos de nuestros pares (lectura de investigación), tampoco escribimos el mismo tipo de obra cuando queremos enseñar una serie de conocimientos teóricos y metodológicos (en general producidos por otros) y cuando queremos transmitir el espíritu (las disposiciones mentales y comportamentales) de un oficio de investigador en ciencias sociales. Al leer ciertos manuales de sociología (sobre todo determinadas presentaciones de las “grandes corrientes” sociológicas, pasadas o presentes), incluso podemos tener algunas dudas en cuanto a la utilidad de ese tipo de libros. Sinceramente, en ciertas oportunidades me pareció extraña la manera como, por razones supuestamente “pedagógicas” que, finalmente me resultan absolutamente antipedagógicas, era posible presentar autores o “corrientes teóricas” resumiendo u oponiendo lo esencial de sus tesis. De ahí que la oposición Durkheim-Weber, que constituye un lugar común clásico de la pedagogía sociológica, en muchos casos parezca forzada o falsa. Cuando la “necesidad” pedagógica lleva a caricaturizar tesis para contraponerlas mejor, y así (supuestamente) “aclarar” posiciones, pasando como gato escaldado por encima de las contradicciones –procedentes de vacilaciones, de dudas, de pequeñas evoluciones vinculadas a la consideración de las críticas, de la renovación del estado de las producciones científicas, o sencillamente, de aporías del razonamiento o la interpretación– internas a cada autor, cuando no a cada una de sus obras, entonces hay que interrogarse sobre los efectos negativos de ese tipo de ejercicio y preguntarse si vale la pena.

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