ISBN: 9789875000575

Formato: 234 págs. 16 x 23 cm.

Fecha Publicación: 2000

Precio: $ 280,00 (U$S 16,47)

Agotado

La invención de la Nación

Lecturas de la identidad de Herder a Homi Bhabha

Álvaro Fernández Bravo (compilación)

Introducción

“El culto argentino del color local es
un reciente culto europeo que los nacionalistas
deberían rechazar por foráneo.”
Jorge Luis Borges

“Un poeta es el creador
de la nación que lo rodea.”
Johann Gottfried Von Herder

¿Por qué un nuevo libro sobre el nacionalismo? En un tiempo en que el nacionalismo estalla una vez más y nos presenta su rostro ensangrentado, persiste como un fenómeno escurridizo y cambiante, defendido y demonizado, una fuerza que sigue convocando a hombres y mujeres a morir en su nombre. Como se ha señalado a menudo, a pesar de su persistencia (o tal vez debido a ella) el nacionalismo presenta una serie de paradojas. La primera de ellas es el contraste entre su peso como fenómeno político y cultural, y la debilidad de los estudios dedicados a estudiarlo desde una perspectiva crítica y analítica. Su ambigüedad conceptual y la confusión entre su interpretación distanciada y los usos del nacionalismo como un instrumento ideológico que pone en práctica sus principios antes que intentar comprenderlo, sin duda no han contribuido a la producción de análisis consistentes. Como observa Benedict Anderson (1996), a pesar del vasto rol que el nacionalismo ha cumplido en la política mundial por más de dos siglos, los pensadores seminales de la modernidad –Marx, Nietzsche, Benjamin, Freud, Lévi-Strauss, Gramsci, Foucault– le han dedicado escasa atención. Este libro intenta ser un modesto aporte a la reparación de ese desequilibrio, incorporando algunos clásicos de la teoría sobre el nacionalismo raramente editados en América Latina y dando a conocer también algunos autores que traen nuevas perspectivas sobre el problema desde una posición excéntrica y dialéctica a la vez con sus lecturas metropolitanas. Uno de los propósitos que este libro persigue es incorporar al debate latinoamericano sobre la nación los aportes y las preguntas de los pensadores asiáticos y principalmente de origen indio, nucleados en torno a los estudios del subalterno y la crítica poscolonial. No se trata de trazar analogías simplificadoras entre contextos desiguales, sino de encontrar áreas de coincidencia y proponer alianzas contingentes entre tradiciones que, no obstante sus diferencias, poseen numerosos puntos de contacto.
Aunque el debate sobre el origen y apropiación de las doctrinas nacionalistas continúa abierto, lo cierto es que existe hoy un intercambio global y multicultural que involucra a especialistas de distintas latitudes y disciplinas, y que la misma condición in-between del nacionalismo es quizás uno de sus mayores atractivos como objeto de estudio. Alrededor de él discuten especialistas europeos y norteamericanos, asiáticos y latinoamericanos, cientistas políticos, sociólogos e historiadores, críticos literarios, antropólogos y filósofos deconstruccionistas, minorías y mujeres, intelectuales poscoloniales y académicos conservadores, escépticos y comprometidos. Todas estas miradas han convertido el nacionalismo en un espacio de confrontación y de diálogo que ofrece una valiosa oportunidad para estudiar los contextos culturales en el albor del nuevo milenio. El nacionalismo es a la vez una zona de convergencia y de disenso en la interpretación de las culturas.
La segunda paradoja que me interesa señalar se encuentra en la intersección entre nacionalismo y cultura. El estudio de la constitución y la naturalización de las culturas nacionales es uno de los ejes que articula esta edición y uno de los problemas que recorre los ensayos aquí reunidos. La naturalización de conceptos como literatura nacional, arte nacional o cánones estéticos en los que se confunden categorías políticas con la materia cultural que los constituye, es un problema que ha merecido una atención insuficiente y que aún puede producir estudios de interés. El impacto de la nación como unidad histórica generó una redistribución del corpus bibliográfico, creando nuevas clasificaciones, distribuciones nacionales y una organización de la cultura cuyo impacto en la disposición del conocimiento fue enorme. Esta organización a menudo ha sido soslayada pero su vigencia afecta sin duda la percepción y el análisis de la cultura, la sociedad y su historia. Roger Chartier denomina este proceso la “proyección retrospectiva del Estado-nación” y alerta sobre las consecuencias epistemológicas de semejante operación hermenéutica. “¿Cómo puede definirse una historia del libro argentino –se pregunta Chartier–, o una historia de otro país sudamericano, cuando la identidad como nación es relativamente reciente?” (1999: 81). Ciertamente, no son las “naciones recientes” las únicas donde este efecto se manifiesta, sino cualquier unidad política organizada bajo principios de organización política inexistentes antes de la Revolución Francesa. Como ya lo señaló Eugene Weber (1976), la construcción de la ciudadanía francesa es históricamente próxima; resulta preciso entonces añadir que también es simultánea a otras formaciones similares en latitudes más lejanas como las que tienen lugar en la transición del siglo XIX al XX en América Latina. La cuestión de la temporalidad de la nación, la convivencia de tiempos e identidades dispares en su seno, sometidos a la presión del Estado que intenta homologar y aproximar a una forma unívoca la multiplicidad contenida en la nación ha sido analizada por Walker Connor. Dice Connor que “la demora en la aparición de la conciencia nacional […] nos recuerda el hecho obvio pero con frecuencia ignorado de que la formación de la nación es un proceso, no una ocurrencia o un evento” (1990: 98).
Es necesario destacar que la nacionalización del pasado se mantiene viva hasta la actualidad y que si examinamos, por ejemplo, los criterios de ordenamiento en las bibliotecas o la organización de cátedras en universidades y departamentos académicos, las divisiones nacionales son dominantes e imponen una distribución que abre pero también cierra caminos de análisis. Autores como Dante o el Inca Garcilaso de la Vega, muy anteriores siquiera a la idea o el deseo de entidades como la nación italiana o la nación peruana, y que sin duda hubieran considerado extraña e impensable la definición de su identidad en términos nacionales, se encontrarán hoy agrupados en cualquier biblioteca bajo la categoría “literatura italiana” o “literatura peruana”. La producción de la historia literaria desde Hyppolite Taine hasta nuestros días ha generado así una tradición sostenida por distribuciones bibliográficas nacionales y es asumida con frecuencia como algo dado. Las fronteras del estado nacional generan de este modo un impacto temporal que excede largamente la instancia de su constitución histórica, borrando a su paso otras distribuciones o afiliaciones anteriores y naturalizando formas políticas que tienen en realidad una vida histórica mucho más breve que la que sus consecuencias conceptuales parecen reflejar.

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