ISBN: 9789875000889

Formato: 232 págs. 14 x 20 cm.

Fecha Publicación: 2005

Precio: $ 250,00 (U$S 14,71)

Agotado

El siglo

1. Cuestiones de método

¿Qué es un siglo? Evoco el prefacio que Jean Genet escribió para su obra Les Nègres. En él, Genet plantea irónicamente la siguiente pregunta: ¿qué es un negro?, para agregar: “Y ante todo, ¿de qué color es?”. Yo también tengo ganas de preguntar: ¿cuántos años son un siglo? En este caso se impone la pregunta de Bossuet: “¿Qué son cien años, qué son mil años, cuando un solo instante los borra?”. ¿Nos preguntaremos, entonces, cuál es el instante de excepción que borra el siglo XX? ¿La caída del Muro de Berlín? ¿El secuenciamiento del genoma? ¿El lanzamiento del euro?

Aun cuando nos supusiéramos capaces de construir el siglo, de constituirlo como objeto para el pensamiento, ¿se trataría de un objeto filosófico, expuesto a esa voluntad singular que es la voluntad especulativa? ¿El siglo no es ante todo una unidad histórica?

Dejémonos tentar por esa amante del momento, la historia. La historia, ese presuntoso porte macizo de toda política. Yo podría decir con toda razonabilidad, por ejemplo: el siglo comienza con la guerra de 1914-1918, guerra que incluye la revolución de octubre de 1917, y termina con el derrumbe de la URSS y el final de la Guerra Fría. Es el pequeño siglo (75 años), fuertemente unificado. El siglo soviético, en suma. Lo construimos por medio de parámetros históricos y políticos completamente reconocibles y clásicos: la guerra y la revolución. Guerra y revolución reciben aquí el calificativo de “mundiales”. El siglo se articula en torno de dos guerras mundiales, por un lado, y del origen, el despliegue y el hundimiento de la llamada empresa “comunista” como empresa planetaria, por el otro.

Otros, en verdad, igualmente obsesionados por la historia o por lo que denominan “la memoria”, cuentan el siglo de manera muy distinta. Y puedo seguirlos sin dificultad. Esta vez, el siglo es el lugar de acontecimientos tan apocalípticos, tan espantosos, que la única categoría apropiada para decretar su unidad es el crimen. Crímenes del comunismo stalinista y crímenes nazis. En el corazón del siglo, entonces, está el Crimen que da la medida de todos los crímenes, el exterminio de los judíos de Europa. El siglo es un siglo maldito. Para pensarlo, los principales parámetros son los campos de exterminio, las cámaras de gas, las masacres, la tortura, el crimen estatal organizado. El número interviene como calificación intrínseca, porque la categoría de crimen, por estar ligada al Estado, designa la masacre masiva. El balance del siglo plantea de inmediato la cuestión del recuento de los muertos. ¿Por qué esa voluntad contable? Ocurre que el juicio ético sólo encuentra aquí su real en el exceso aplastante del crimen, la cuenta de las víctimas por millones. El recuento es el punto en que la dimensión industrial de la muerte se cruza con la necesidad del juicio. Es lo real que suponemos en el imperativo moral. La conjunción de ese real y el crimen de Estado lleva un nombre: este siglo es el siglo totalitario.

Notemos que es aún más breve que el siglo “comunista”. Comienza en 1917 con Lenin (algunos lo harían comenzar de buena gana en 1793, con Robespierre, pero en ese caso sería demasiado extenso), alcanza su cenit en 1937 por el lado de Stalin y en 1942-1945 por el lado de Hitler, y culmina en sus aspectos esenciales en 1976, con la muerte de Mao Tsé Tung. Dura, por ende, unos sesenta años. Eso, si ignoramos a algunos supervivientes exóticos, como Fidel Castro, o ciertos resurgimientos diabólicos y descentrados, como el islamismo “fanático”.

Sin embargo, para quien pase con frialdad por encima de ese pequeño siglo en su furor mortífero, o para quien lo transforme en memoria o conmemoración contrita, sigue siendo posible pensar históricamente nuestra época a partir de su resultado. En definitiva, el siglo XX será el siglo del triunfo del capitalismo y el mercado mundial. Por fin, al enterrar las patologías de la voluntad desatada, la correlación bienaventurada del Mercado sin restricciones y de la Democracia sin orillas habría instaurado el sentido del siglo como pacificación o sabiduría de la mediocridad. El siglo expresaría la victoria de la economía, en todos los sentidos del término: el Capital, como economía de las pasiones irrazonables del pensamiento. Es el siglo liberal. Este siglo en que el parlamentarismo y su soporte abren la vía regia de las ideas minúsculas es el más corto de todos. Iniciado a lo sumo luego de la década de 1970 (últimos años de exaltación revolucionaria), dura treinta años. Siglo feliz, se dice. Siglo parvo.

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