ISBN: 9789875000698

Formato: 368 págs. 16 x 23 cm.

Fecha Publicación: 2008

Precio: $ 390,00 (U$S 22,94)

Agotado

Anarquistas

Cultura y política libertaria en Buenos Aires, 1890-1910

Introducción

"Antes era válido acusar a quienes historiaban el pasado, de consignar
únicamente las “gestas de los reyes”. Hoy día ya no lo es, pues cada
vez se investiga más sobre lo que ellos callaron, expurgaron o simplemente
ignoraron. “¿Quién construyó Tebas de las siete puertas?” pregunta el lector
obrero de Brecht. Las fuentes nada nos dicen de aquellos albañiles anónimos,
pero la pregunta conserva toda su carga."
Carlo Ginzburg, El queso y los gusanos

En 1902 el senador Miguel Cané sostenía ante sus pares en el Congreso: “Las circunstancias son graves: todos los senadores conocen lo que pasa en este momento en la capital, lo que amenaza suceder en el resto de la República. Este movimiento de huelga, sin duda promovido por agitadores que explotan la buena fe de los gremios trabajadores, tiende a tomar proporciones tan graves, señor presidente, que puede llegar a comprometer todas las manifestaciones de la vida comercial, industrial y económica de la nación”. La preocupación y el tono dramático del testimonio, se relaciona con los movimientos huelguísticos producidos en Buenos Aires durante los años 1901 y 1902, cuyo punto culminante fue la huelga general realizada en noviembre del ultimo año con la consecuente respuestagubernamental consistente en la aplicación del estado de sitio y la sanción de la Ley de Residencia que el mismo Cané había redactado tres años antes. Este conflicto provocó un fuerte impacto en la opinión pública y despertó inquietud no sólo en el senador sino también en varios sectores de la sociedad porteña y del mismo gobierno. No obstante, todos ellos nodesconocían los conflictos en que habían estado envueltos (y aun lo estaban) distintos partidos, grupos y facciones políticas locales. Bastaba recordar la revolución de 1890 acaecida en pleno Buenos Aires apenas una década atrás y cuya violencia, con varios centenares de víctimas, había sido infinitamente mayor que los hechos que nos convocan. La violencia política no era inusual y tampoco la respuesta contundente del gobierno mediante la represión y el estado de sitio.

La preocupación de nuestro observador era de carácter diferente y se relacionaba con el cambio en la naturaleza del conflicto, cuyo carácter central era social y sus protagonistas los trabajadores y el incipiente movimiento obrero organizado desde hacía poco en dos federaciones. Y no se trataba tanto de la irrupción de las huelgas como de sus manifestaciones ideológicas, especialmente el anarquismo que había desempeñado un rol importante durante el conflicto social y adquirido peso entre los trabajadores. El mismo Cané aclaraba que el problema no radicaba en los legítimos reclamos obreros sino en la existencia “en el seno de ese elemento sano y útil [de] explotadores que viven de esa agitación, porque hay verdaderos empresarios de huelgas”. Se refería obviamente al anarquismo, sin em bargo, ni éste ni las huelgas constituían tampoco un fenómeno nuevo. Por el contrario, durante las dos últimas décadas del siglo XIX, a medida que se expandía el proceso modernizador, los conflictos gremiales y la organización sindical fueron apareciendo y constituyéndose en una realidad incipiente de las relaciones laborales. Paralela e independientemente el anarquismo sufrió un proceso de maduración y se convirtió en un actor relevante de las luchas sociales del Buenos Aires finisecular. Lejos estaban los días en que Enrique Malatesta había decidido dejar de editar en 1885 la publicación libertaria que dirigía pues no hallaba eco entre los residentes italianos en Buenos Aires. Fue en el período comprendido entre el comienzo del siglo y el centenario cuando el anarquismo alcanzó su madurez y su mayor arraigo entre los trabajadores: dirigió la Federación Obrera Argentina (FOA) y, dentro de ella, a varios gremios importantes; creó una significativa cantidad de centros y círculos culturales en donde se dictaban conferencias, se interpretaban obras teatrales y se realizaban fiestas; editó una multitud de periódicos, folletos, libros, volantes, revistas y hasta un diario; impulsó la creación de escuelas libres y racionales y también tuvo una destacada participación en la organización territorial de los habitantes de casas de inquilinato.

Este trabajo intenta analizar y comprender el anarquismo como un movimiento cultural, político, ideológico y social. En este sentido el trabajo no se introduce en la relación directa del anarquismo con el movimiento obrero por considerar que ha sido suficientemente transitado, y se centrará en las instituciones vinculadas directamente al movimiento anarquista (círculos, prensa, escuelas), pues creo que era en esos espacios donde se definían las tácticas y las estrategias políticas y culturales. La investigación abarca la ciudad de Buenos Aires durante el período comprendido aproximadamente entre 1890 y 1910, aunque deliberadamente se ha privilegiado el análisis en la última de esas décadas en tanto constituye el período maduro y de mayor interés.

¿Por qué focalizar este estudio en la ciudad de Buenos Aires? En principio porque el anarquismo vio limitado su alcance nacional: si bien se detectan núcleos o militantes en diversas zonas del interior, su peso fue casi irrelevante en aquellas sociedades de carácter tradicional. En cambio su presencia se concentró en las áreas más dinámicas de la economía como las grandes ciudades del litoral. Fue allí donde influenció, tanto a trabajadores extranjeros como nativos que participaban del proceso modernizador, dotándolos de una red de instituciones gremiales, políticas y culturales. Por otro lado, al menos en este período, su peso fue infinitamente más significativo en las ciudades que en las áreas rurales, hecho que convierte al anarquismo argentino de este período en un fenómeno eminentemente urbano. Y dentro de esa expansión urbana, si bien su acción se extendió a un amplio abanico de pueblos y ciudades del interior de la zona pampeana, se ha centrado la atención en la ciudad de Buenos Aires por la magnitud que este movimiento alcanzó en ella. Buenos Aires era el centro político y la ciudad puerto más importante del país, allí se hallaba buena parte de la riqueza económica-financiera y era también el centro urbano de mayor significación en donde se concentraban buena parte de la industria, los servicios y el comercio. Los anarquistas, de manera deliberada o no, eligieron en una gran proporción –sin olvidar la enorme influencia que ejercieron en Rosario– esta ciudad para difundir su acción y sus ideas y es allí donde se desarrollaron con mayor dinamismo.

El límite temporal no es caprichoso, la fecha de inicio se ubica en torno a 1890, el momento en que comenzaban a hacerse evidentes los efectos sociales del proceso de modernización, y la propaganda libertaria empezaba a tomar cuerpo conformando sus primeros grupos, editando sus periódicos iniciales y delineando las estrategias que adoptaría el anarquismo maduro una década más tarde. Finalizar la investigación en 1910, aunque a veces se prolongue hasta 1912 o 1913, no implica que el anarquismo haya desaparecido, sino que esa fecha es el punto de partida de la decadencia, pues aunque el imaginario colectivo haya seguido percibiéndolo como un actor social de peso, en la práctica (política, social y cultural) desde 1910 había iniciado su inexorable declive.

En el período abarcado por esta investigación, el peso y el arraigo del anarquismo entre los trabajadores está su ficientemente comprobado a partir de las lecturas de las fuentes de época, sean éstas propias del movimiento libertario o, de mayor valor aún, ajenas. En este sentido, bastaría recordar sólo algunos hechos como el control de la FOA (FORA desde 1905), las grandes movilizaciones del 1º de mayo, el impulso y la orientación de numerosos conflictos laborales, incluidas algunas huelgas generales cuyo desenlace no siempre fue grato a los anarquistas, el arraigo entre los sectores más desposeídos, como los inquilinos, y la misma preocupación gubernamental son todos elementos de prueba de la dinámica libertaria. Precisamente, el real o potencial atractivo que el anarquismo podía ejercer entre los trabajadores fue captado por los sectores reformistas de los grupos gobernantes y actuó a la manera de un primer disparador de la preocupación estatal por la cuestión laboral. De esta manera el anarquismo, involuntariamente, contribuyó a impulsar el reformismo social gubernamental.

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