ISBN: 9789875000568

Formato: 157 págs. 14 x 20 cm.

Fecha Publicación: 2000

Precio: $ 135,00 (U$S 7,94)

Agotado

Los grados de la escritura

El "objeto" escritura

Mis primeras preocupaciones acerca de la escritura datan de 1969, cuando pude asomarme al revelador libro de Jacques Derrida, La grammatologie. Lo que su lectura me suscitó quedó guardado durante mucho tiempo: me bastaba, en ocasiones, citar algún fragmento para ilustrar alguna reflexión pero no mucho más; ese libro permaneció en mí hasta que, hacia 1977, la lectura, lo que yo llamé “el objeto lectura”, predominó por sobre cualquier otra preocupación forzándome, placenteramente por cierto, a reconocer, categorizar, entender y escribir. Agotado este tema –pero es osadía decir que tema semejante puede ser agotado–, al menos para mis capacidades, poco a poco fui comprobando que mi espacio mental iba siendo ganado por requerimientos relacionados con la escritura, al comienzo como si se tratara de un complemento necesario. Obviamente, volvió Derrida: comprobé que nunca se había ido, y con él una multitud de matices que día a día iban tomando forma en diálogos, pláticas, clases, alusiones y escritos. Como si me hubiera estado robando a mi mismo, en lo que empecé a pensar y escribir sobre “el objeto escritura” comprobé, no sin cierto emocionado asombro, que desde hacía años lo había estado teniendo en cuenta, fragmentariamente, episódicamente, acaso desde el momento mismo en que la literatura me empezó a importar y me figuré que podía llegar a su secreto.
Los trabajos que vienen a continuación expresan la complejidad de ese lento proceso; muestran acaso su origen “ocurrencial”, muestran también las filiaciones de las ideas que los guían e, igualmente, en qué medida y en dónde se apartan de ese campo para perseguir una forma propia y personal. No es que por eso yo pretenda que la escritura es otra cosa de lo que se ha dicho y sentido que es: a lo que aspiro es a haber logrado una manera diferente de decir lo que voces autorizadas han dicho y sentido que es. En todo caso, intento detener la mirada y la atención de quienes estando en este tipo de asuntos pueden no haber reparado en ciertas inflexiones, en esos repliegues y detalles que, a mi entender, son capitales para abarcar la importancia que tiene el hecho “escritura” en el comercio humano.
No intento “iluminar” interdisciplinariamente lo que permanecería en la oscuridad; apelo, por cierto, a luces que provienen de experiencias epistemológicas diferentes, como el psicoanálisis o la lingüística por ejemplo, pero lejos de mí la idea –o la pretensión– de que mi mirada sobre la escritura sea psicoanalítica o lingüística. Sé que a quienes se rigen por disciplinas bien reguladas les costará admitir que se pueda apelar a ellas –y no como apoyos sino como corriendo en vías paralelas– sin rendirles tributo, han de considerar que lanzarse a especular sin glosar a los integrantes de un santoral intelectual, fuera del cual, en apariencia, no hay autorización para hablar, es insoportable arrogancia. Enfrento los riesgos de juicios semejantes porque hay algo que para mí y en mí está bien claro: quiero –tal vez sólo eso sea lo diferente– centrarme y centrar en la escritura y no en aquello a lo que la escritura sirve o transmite: quiero entender el “hacer” del trazo y no su “decir” con la esperanza de hallar en algún lugar un “significar” de lo dicho que tenga más sustancia que su mera dicción.
La escritura es un hecho perturbador por su carácter metafórico: rompe órdenes y establece otros, es lo “otro” por excelencia no sólo porque cambia lo que refiere, hasta el pensamiento mismo de lo que quiere ser referido, sino porque siendo parte de lo que se sabe del sistema de la lengua se aparta de lo que sería su esencia, el signo mismo, e inaugura en cada instancia del trazo una alteración en el orden de lo real. Es una “otredad” no agotable pero tan atractiva como para entregarse a indagar por su consistencia, que no es tan sólo un hecho social pese a ser una forma suprema de lo social, la memoria, la comunicación. Es lo que he tratado de hacer a partir de su trascendencia social pero saliendo de ese ámbito, como si estuviera movido menos por lo que la escritura escribe –o escriben los escribas de la escritura– que por lo que la escritura hace y en dónde lo hace.
Los trabajos aquí recogidos circulan desde hace un tiempo; algunos, muy pocos, ya fueron publicados, los otros fueron dados a conocer en circunstancias muy gratas, a personas realmente interesadas en una indagación semejante. Creo reconocer, aquí y allá, algunas ideas ya formuladas en esos textos, lo que de ninguna manera afecta la coherencia de este conjunto y lo que puede proporcionar una lectura ordenada de lo que proponen: ese benévolo y parcial pillaje no ha llegado todavía a la depredación: eso no me entristece, entiendo esta situación como una condición del trabajo teórico en estas extremas latitudes y, por otra parte, como un indicador de la brecha que ideas como éstas han ido abriendo. En diversos escritos, en intervenciones inesperadas, en declaraciones de escritores –hecho verdaderamente extraordinario si se piensa en el antagonismo primitivo pero todavía potente entre literatura, que todo lo reverdece, y teoría, que todo lo agrisa–, se va percibiendo que ya hay una conciencia acerca de lo que transcurre por debajo de lo que en apariencia transcurre; dicho de otro modo, que si el cuento que cuenta un contador se percibe, se aprecia, se estima y es objeto de reconocimiento, por debajo y en filigrana ocurre otra cosa, ocurre lo que llamamos la “escritura”, un río subterráneo que no puede ignorarse aunque bien puede ser que no se vea.
A entender esa ocurrencia está consagrado este libro. Pero no por ello creo que lo que aquí se promueve ya no tiene vuelta; en discusiones recientes de seminario universitario pude tener una vislumbre de lo que estos textos abren más que cierran: las lecturas a que dieron lugar –por parte de lectores perspicaces y apasionados– posponen su clausura pero eso no anula el efecto de irradiación que creo que tienen las ideas ahí arduamente contenidas: sólo espero que se instalen en la escena y sean modificadas por un trabajo que puede muy bien ser mío –lo que llamo “corrección”–, pero también de quienes vean en ellas una invitación a una continuidad o a un cambio de perspectiva.
Puntos fundamentales de este trabajo son los relativos a la idea del “comienzo”, “del desarrollo”, de la “corrección”, del “final” de la escritura. Entiendo que son inherentes al objeto cuyos perfiles y límites trato de cercar pero, también, que modelan mi propia escritura de modo tal que mis escritos sobre “comienzo” bien pueden ser ilustrados por mis comienzos, mis escritos sobre “final” por mis finales, mis escritos sobre “corrección” por lo que en mis textos pueda percibirse de tal acción.
Todos los trabajos reunidos aquí son sobre escritura; en otros lugares los he prolongado en relación con la “escritura poética”, una especificación socializada y particularizada en un modo de escribir. En ese amplio conjunto, que está en este libro y más allá de él, entiendo que forman parte del mismo gesto teórico aunque poseen una dimensión analítica que está ausente en los otros. En el conjunto, pretendo poner sobre la mesa un tema que, como decía el filósofo, por conocido nos es desconocido y cuyo conocimiento puede ser, contra todo pragmatismo de la imposibilidad, intentado.

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