ISBN: 9789875001664

Formato: 272 págs. 14 x 22 cm.

Fecha Publicación: Marzo 2013

Precio: $ 350,00 (U$S 20,59)

Brecht y el Método

Prólogo: 1. Nützliches

Brecht se habría sentido contento, me gusta pensar, con un argumento que, sin encomiar su grandeza o su canonicidad, y sin siquiera algún nuevo e inesperado valor de posteridad (por no mencionar su “posmodernidad”), versara sobre su utilidad; y no sólo en relación con un futuro incierto o meramente posible sino ahora mismo, en una situación de retórica de mercado post Guerra Fría incluso más anticomunista que en los buenos viejos tiempos. La consabida astucia brechtiana: por ejemplo, en vez de denunciar “un culto a la personalidad” que no podía menos que provocarle náuseas, propuso que, en cambio, celebráramos la “utilidad” esencial de Stalin (una estrategia que no sólo Trotsky y Mao Tse Tung, sino probablemente hasta Roosevelt,  habrían estado dispuestos a refrendar). Por cierto, Brecht quería ser recordado como un proponente de propuestas:

Er hat Vorschläge gemacht. Wir
haben sie angenommen (XIV, 191-192).

Él hizo propuestas. Nosotros
las llevamos a cabo.

Por otra parte, es característico de la dialéctica brechtiana que esa clase de sugerencias jamás permanezcan enteramente sin ambigüedades. Tan característico es, por ejemplo, que precisamente ese argumento, desarrollado por el arquitecto “modernista” de Me-ti. El libro de las mutaciones para defender una estética corbusiana de la belleza y la utilidad, se fundamenta en el disgusto y el repudio de los propios trabajadores:

Gerade so gut [le dicen ellos] könntest du einem Kuli, der beim Kahnschleppen mit Lederpeitschen gepeitscht wird, Stühle anbieten, deren Sitze aus Lederriemen geflochten sind. Vielleicht ist wirklich schön, was nützlich ist. Aber dann sind unsere Maschinen nicht schön, denn sie sind für uns nicht nützlich. Aber, rief Len-ti schmerzvoll, sie könnten doch nützlich sein. Ja, sagten die Arbeiter, deine Wohnungen könnten auch schön sein, aber sie sind es nicht (XVIII, 148).

Es como si les ofrecieras sillas con correas a los culíes acostumbrados a que los azoten con esas mismas correas mientras empujan sus embarcaciones. Quizá lo que es útil realmente es bello. Pero en ese caso nuestras máquinas no son en absoluto bellas, dado que ciertamente no nos son útiles. Pero, exclamó con pesar Len-ti, podrían ser útiles. Por supuesto, dijeron los trabajadores, y tus edificios también podrían ser bellos, pero no lo son.

En este contexto, “útil” no significaría solamente “didáctico”, aunque, como he sugerido muchas veces con anterioridad, hay señales de que la “época presente”, con su flamante gusto por las estéticas impuras de toda clase, también se ha vuelto más tolerante hacia los elementos y actitudes didácticos que las altas modernidades, más puristas, que la precedieron. No obstante, si “útil” significa “didáctico”, debemos agregar que Brecht nunca tuvo exactamente una doctrina que enseñar, ni siquiera el “marxismo” en forma de sistema (“El ABC del...”, por mencionar una manera de hacerlo que alguna vez estuvo de moda): más bien, a continuación intentaremos demostrar que sus “propuestas” y sus lecciones –las fábulas y proverbios que se complacía en comunicar– eran del orden del método antes que una colección de hechos, pensamientos, convicciones, principios y demás. No obstante, el suyo es un “método” igualmente astuto, que elude con igual éxito todas las objeciones que la filosofía moderna (como en Verdad y método, de Gadamer) ha persuasivamente formulado contra las reificaciones de lo metodológico como tal. Sin embargo, dado que más adelante intentaremos dilucidar estas paradojas, quizá podamos retornar a este momento introductorio de la utilidad brechtiana –la cual, aunque ciertamente incluye la enseñanza, implica algo más fundamental que el mero didactismo (ya sea en el arte o en cualquier otro ámbito)–.
Recordemos, para empezar, que para Brecht la ciencia –y en alemán Wissenschaft (conocimiento) significa algo más que lo que significa la palabra “ciencia”, incluso especializada, en francés y en inglés– y el conocimiento no son deberes sombríos y deprimentes sino primeras y principales fuentes de placer: incluso las dimensiones epistemológicas y teóricas de la “ciencia” deben pensarse en términos de Mecánica Popular y de la diversión manual de combinar ingredientes y aprender a utilizar herramientas nuevas e inusuales. Pero tal vez sólo sean los no científicos quienes, en nuestra época, piensan la ciencia de esa manera reificada: por cierto, los estudios más recientes acerca de la ciencia parecen haber retornado a una visión de la historia de las “ideas” científicas más cercana a la historia de las instituciones y las instalaciones de laboratorio, a las operaciones materiales y las relaciones sociales que estas presuponen, a transcribir las modificaciones físicas y hacer malabares taquigráficos para ver si de ese modo se vuelve posible imaginar otras nuevas. Seguramente mucha de la filosofía moderna (o postkantiana) ha luchado en uno u otro sentido para desepistemologizar el concepto de ciencia-conocimiento, para socavarlo en tanto representación estática y ponerlo en movimiento o retraducirlo a la práctica de la cual provino.
Brecht nos ofrece un mundo en el que la práctica es entretenida, e incluye su propia pedagogía como miembro de la clase que subsume: la enseñanza de la práctica es también una práctica por derecho propio, y por lo tanto “participa” de las satisfacciones que reserva a sus estudiosos practicantes. Bajo estas circunstancias, al menos dos términos de la famosa tríada de Cicerón (conmover, enseñar, deleitar) se repliegan lentamente uno sobre el otro: “enseñar” recupera su parentesco con el mandamiento de “deleitar”, y la didáctica lentamente reconquista la respetabilidad social que le fue acordada mucho antes y que implica (aunque sólo secundaria y marginalmente) que la función social aprobada del arte es el embellecimiento de la vida. (En cuanto al tercer término de la tríada, Brecht lo problematizó notoriamente: “conmover” –despertar emoción; controlar, imbuir, expresar, infligir o purgar sentimientos fuertes– es objeto de un amplio espectro de formulaciones críticas y clasificaciones que han traído problemas a brechtianos y no brechtianos por igual; más adelante nos ocuparemos de ellos a nuestra manera.)

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