ISBN: 9875000590

Formato: 272 págs. 16 x 23 cm.

Fecha Publicación: 2001

Precio: $ 300,00 (U$S 17,65)

Las estructuras sociales de la economía

Bourdieu no ha muerto

Igor Sádaba Rodríguez, Reis. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 01/01/2004

En el momento de su reciente fallecimiento a los 71 años (23 de enero de 2002, un poco antes que Gadamer, que murió dos meses después, con 102 años), Pierre Bourdieu era, sin lugar a dudas, una figura indiscutible de la sociología mundial.(1) Su muerte ha dado lugar a dos movimientos simultáneos en la industria editorial: por un lado, la aparición inmediata de una serie de estudios sobre su sociología(2) y, por otro, el rescate y la edición de antiguas investigaciones, conferencias (Lección sobre la lección o El oficio de científico, p. ej.) y seminarios impartidos por él mismo. Este libro, Les estructures sociales de l’economie, que en Francia se publicó en el 2000 y aquí ha llegado con tres años de retraso, pertenece a ese segundo grupo de escritos, textos o charlas a los que se dedicó nuestro autor antes de morir. Realizada con un amplio equipo de colaboradores, la investigación que lo compone data de un periodo que recorre las décadas de los ochenta y noventa, años antes de que el cáncer se lo llevara.

Un primer hecho sorprende a los lectores de algunos libros de Bourdieu. Al igual que en La distinción o en La miseria del Mundo, a nivel narrativo, el texto es una combinación de trabajo empírico y de ensayo teórico, de práctica investigadora y de reflexión sesuda. Esta pretensión de combinación teórico-práctica hace del libro un cóctel de tablas, sentencias generalizantes, gráficos, teorizaciones y abstracciones, artículos sobre el campo económico, fragmentos de entrevistas, planos y mapas, caracterizaciones del mundo burocrático, indagaciones analíticas, anuncios y propaganda inmobiliaria, antropología económica, descripción de convenciones y congresos, estudios del mundo empresarial, estadísticas, etc. Todo ello tiene la consabida virtud de mostrar las intimidades del proceso investigador y de robustecer empíricamente las aseveraciones más arriesgadas, pero también corre el riesgo de convertirse en una exposición algo oscilante y enredada, sin un hilo claro que conduzca las argumentaciones. El libro, en ese sentido, parece en ocasiones una ensalada o una mezcla de fragmentos de investigaciones y escritos que alguien ha montado posteriormente como un puzzle con la intención de publicar.

Por otra parte, si algo no se le puede achacar a Bourdieu es no tener un sistema coherente y acabado, un «programa sociológico» o un paradigma teórico-empírico bien trabado. Una doble articulación teórica o pinza sociológica permite al francés abordar un estudio de caso sobre la vivienda en Francia. La demanda de viviendas es para Bourdieu el resultado de disposiciones incorporadas (habitus) en los compradores y que se componen de diferentes proporciones de capital económico, capital simbólico y capital cultural. La oferta de las mismas es, idénticamente, producto de un conjunto de posiciones de mercado (campo) en el que las empresas se sitúan y compiten. De alguna manera, la aplicación mecánica y repetitiva de dicho enfoque ha proporcionado a Bourdieu grandes éxitos de ventas y valiosos trabajos empíricos para la sociología mundial.

En otro orden de cosas, no podemos dejar de mencionar que el estudio de caso elegido flaquea por un lado que ya le fue sugerido a Bourdieu en otros momentos, y es su dudosa validez externa. Bourdieu toma el todo por la parte, haciendo una «sociología de las clases medias en la Francia actual», lo que recorta las posibilidades de generalización a otros momentos o geografías. Los objetos de estudio en los que centra su mirada, idénticos al consumo de arte y cultura en La distinción, son siempre las clases acomodadas o los ciudadanos medios con aspiraciones de la Francia contemporánea, sujetos obsesionados con la ostentación, la acumulación de electrodomésticos de diseño y el consumo de estatus. Pero la extrapolación del diagnóstico obtenido no resulta tan sencilla en otras latitudes o contextos históricos que ignoran otro tipo de factores (mercado de trabajo, culturas que no distinguen, consumos no competitivos o no consumos, etc.). Otro dardo envenenado que ha recibido Bourdieu con frecuencia es el estigma de estructuralista exacerbado,(3) acusación que llevaba con peso y que intentaba sacudirse en cada nuevo escrito. De hecho, en este libro vuelve a tratar de definir por enésima vez la idea de habitus como concepción superadora tanto de los sujetos vicarios e inanes como de las acciones individuales ingenuamente libres. Si lo consigue es ya valoración de los lectores, y quien esté familiarizado con tales debates puede sortear estas disquisiciones y pasar a otros menesteres más apasionantes.

Críticas o debilidades aparte, el libro tiene dos partes especialmente meritorias por su acabado ornamental: i) la descripción del campo burocrático y los sistemas de la Administración francesa, con la composición de un mapa de posiciones de burócratas y correspondencias estadísticas entre ellos, y ii) el análisis de las entrevistas entre compradores y vendedores de viviendas, entendidas como estrategias, juegos de seducción y poder y relaciones de fuerza. Ambas secciones destilan profundidad e ironía y se echan de menos en los estudios de carácter sociológico que pasan comúnmente por nuestras manos.

No obstante, hechas estas apreciaciones introductorias, el estudio del mercado de viviendas unifamiliares en Francia es, en este caso, una «excusa sociológica». Es el escaparate o la disculpa para la inmersión en algo más profundo y más interesante desde la teoría social: el campo económico. Así que toda la investigación no es sino un pretexto para adentrarse en el intrincado mundo económico, desentrañar discursos y desnaturalizar comportamientos aprendidos;(4) fundamentalmente para llegar a dos cuestiones básicas. Por un lado, hacer una crítica de la abstracción ilusoria de los postulados de la economía clásica (liberal), auténtica mitología moderna. Por otro, como consecuencia del primero, señalar que sociología y economía constituyen, realmente, una única disciplina; ambas estudian (como diría Durkheim) los «hechos sociales», entre los que se incluyen las transacciones económicas como un caso particular. La recurrente pretensión de lo económico de emanciparse y autonomizarse del resto de saberes, esgrimiendo supuestas metodologías científicas o epistemologías naturales y singulares (matemáticas, estadísticas, econometrías, teorías de la elección racional, etc.), esconde un ansia de legitimación oscura. Los economistas, como los teóricos de otras disciplinas, han buscado siempre una demarcación propia sobre la que justificar su dominio intelectual y apuntalar sus dogmas neoclásicos como cuestiones objetivas. Frente a la eterna compartimentalización de las disciplinas, Bourdieu reivindica aquí no ya los vasos comunicantes entre ellas, sino la ficción de sus fronteras; fronteras funcionales a las aspiraciones de monopolio sobre determinados objetos teóricos y empíricos («sólo el economista puede opinar de economía»). De esta manera, el camino elegido por Bourdieu (las políticas de vivienda en Francia) muestra de forma cruda que categorías como «oferta», «demanda», «mercado», «comprador» o «vendedor» son construcciones sociales e históricas, producto de complejos cruces de variables e interacciones dentro de la «ciencia económica». Ello le lleva a la simple conclusión de que «la economía necesita de las explicaciones sociológicas», ya que es incapaz de dar cuenta del mundo donde habita por sus limitadas hiperacionalizaciones y cuantitativismos. La «ideología liberal» ha conseguido extender el engaño de que lo económico constituye una ciencia propia, autónoma, de reglas únicas, separada de lo social. Siguiendo a los Marx, Polanyi, Weber o Augé, Pierre Bourdieu se lamenta de la aceptación silenciosa y callada que practican los mismos sociólogos de la división intelectual entre lo social y lo económico en vez de hacer una génesis de esa parcelación y diferenciación. Una asignatura pendiente que habrá que aprobar algún día, evitando ese complejo de inferioridad que la sociología tiene con su hermana mayor.

En general, en este libro Bourdieu busca desmarcarse tanto de una concepción mecanicista de la economía como del interaccionismo aislado y mal entendido (que él sitúa en los trabajos bienintencionados, pero errados, de Mark Granovetter), tratando de no presuponer a prioris racionales al comportamiento social. El homo oeconomicus, construido por la ortodoxia económica y por las malas versiones de la sociología económica arrastradas por el «intelectual-centrismo» (víctimas de la falacia escolástica que consiste en atribuir a los sujetos sociales pensamientos o motivaciones que pertenecen al científico social), es un «monstruo antropológico» a desterrar de las ciencias sociales. Ésta es la verdadera enseñanza que busca transmitir Bourdieu, dando un paso más en su elaboradísima y sugerente teoría de la acción social. Una vez más, el francés desata lo atado y visibiliza lo invisible. Nos quedaría por apuntar que lo que le falta por decir a Bourdieu no es que las teorías de la elección racional y el individualismo metodológico (con todos sus supuestos antropológicos y epistemológicos) son sutiles mentiras y deformaciones de una supuesta realidad-objetiva-sociológica (colocando, entonces, a la sociología en el pedestal del que trata de bajar a la economía y recurriendo a un tono muy moralizante), sino los instrumentos para una construcción técnica de la economía. Es decir, una facultad preformativa mediante la cual los expertos, adiestrados en las liturgias económicas, edifican ladrillo a ladrillo ese mundo que nos es, a veces, tan extraño y llamamos economía. Baste decir que, críticas aparte, con este volumen recuperamos y hacemos revivir (temporalmente, en nuestra lectura) algunas aportaciones sociológicas del mejor Bourdieu.


(1) En la encuesta Books of the century, realizada por la ISA (International Sociological Association), en la que se eligen los libros más influyentes de la sociología mundial, Bourdieu alcanza con La Distinción el sexto puesto, tras dos libros de Weber, uno de Wright Mills, uno de Merton y otro de Berger y Luckmann.
(2) Por ejemplo, en castellano: J. Noya, Cultura, desigualdad, reflexividad. La sociología de Pierre Bourdieu (La Catarata, 2003); A. B. Gutiérrez, Las prácticas sociales: una introducción a Pierre Bourdieu (Tierradenadie, 2002); F. Vázquez, Pierre Bourdieu. La sociología como crítica de la razón (Montesinos, 2002); Louis Pinto, Pierre Bourdieu y la teoría del mundo social (Siglo XXI, 2002); revista Archipiélago, n.º 51 (2002), etc. No perderse tampoco el ajuste de cuentas que hace la derecha francesa en Le savant et la politique: essai sur le terrorisme sociologique de Pierre Bourdieu, de Jeannine Verdès-Leroux (Grasset et Fasquelle, París, 1998), que en inglés se ha traducido como Deconstructiong Pierre Bourdieu: Against Sociological Terrorism from the left (Algora, New York, 2001).
(3) Ver, por ejemplo: Jeffrey Alexander, Fin de Siècle Social Theory: Relativism, reduction and the problem of reason, Oxford, Blackwell.
(4) Algo que ya comenzara tiempo atrás. Ver, en este caso: Actes de la Recherche en Sciences Sociales, 119, sept. 1997.

Fuente: www.redalyc.org/articulo.oa?id=99717671010

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